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Retazos de Las Estrellas Furiosas

Las estrellas furiosas [Tammy Metzler Ed., 2016]

Libro en formato de cuaderno, escrito en prosa entre septiembre y diciembre de 2015 y publicado en julio de 2016. Se trata de pequeños relatos en prosa que compuse escuchando a mis vecinxs y transeúntes de una clínica en Villa Crespo, Buenos Aires,  y de la remisión a hechos acontecidos en barrios de Córdoba, Buenos Aires y Rosario. Algunas historias narradas todavía no han sucedido. Con edición y corrección de textos de Maximiliano Cárdenas. Dibujo de portada: María José Cabral, con intervención en paint de Ignacio Barsaglini, editor de Tammy Metzler.

Acá algunos retazos:

Al momento que me tanteo, se me viene a la cabeza lo que contó el primo Maicol y al toque se me baja: la Bobe lo agarró con el malambo en la mano, una vergüenza que le va a durar hasta bien después de que se vaya al cielo. No me gusta fichar mucho por la ventana, cada tanto ves algo raro. Raro como que sacan un contenedor con residuos patógenos a las tres de la mañana del domingo. Dijo el vecino: “bueno, acá se va el cuerito de Dylan, acá la pierna de Tito, la mano de David”. Casi siempre los pacientes son hombres, la mayoría porta muleta y a todos les gusta el fútbol.
[Diego, Villa Crespo, Buenos Aires. Junio de 2015]

Dos luceros en la noche de su pelo enredado, la boca lista para devorarme en un suspiro, la lingua longa para atrapar un pez. La primera vez que di con Bianca sostenía entre las manos la prenda de una niña invisible, la niña que fue o la niña que se perdió una tarde de invierno, porque sólo la gelidez o el excesivo calor pueden llevarse la inocencia. Desde hace unas semanas la veo entrar en las reuniones de comisión. Casi siempre va con un jardinero de jean, el pelo bien corto, cero make up y una impresión de certezas en su semblante que avasalla.
[Adrián, Alta Córdoba, Córdoba. Octubre de 2008]

Fue la última noche en el trabajo por este año, hubo muestra y un brindis con los colaboradores y directivos. Todos nos picamos un poco con tinto y preguntamos por la próxima fiesta. Con Bianca bregamos por porro y nada, y como ya estaba medio fumado, no noté que ella se me pegaba cada vez más. Conseguimos un recital en Observatorio, una casa chorizo con pasillos ingobernables y mi amigo Daro y su novia nos convidaron con la mejor cepa de Alberdi. Nos mareamos antes de seguir tomando. Sentados en un gran patio hasta las manos de estudiantes, nos besamos apasionadamente y nuestros ojos centellearon anticipando los cielos de año nuevo.
[Adrián, Observatorio, Córdoba. Diciembre de 2008]

Ornella Spiegel: abuelos paternos bávaros y maternos calabreses. Solamente sabe decir Ich Liebe dich y pronunciar bien su Nachname, en italiano nada más putea. Diez minutos de sol y sus mejillas enrojecen como cerezas al comienzo del verano. La mayor parte del tiempo parece ver por la mirilla de una puerta transparente, me siento muy observado pero no ante un tribunal. Tiene una sonrisa oro descontrolada y un tic audaz, un chás de pulgar e índice, como de chica lista para detener el tránsito en la 9 de Julio. Nos encontramos una vez a la semana durante doce horas y siempre es un incendio. El tercer mes cuenta que tuvo que ir al Once, “que es un barrio de mierda, pobre, lleno de gente fea” y algo se rompe para siempre. La grieta tiene 200 años.
[Ignacio, Retiro, Buenos Aires. Octubre de 2017]

La sobremesa con café y postre o postre y café es una maravilla en el Club Armenio. Chicas y muchachos hacen las veladas para juntar plata y conocer la tierra de sus ancestros. Ofician de mozxs, sus madres cocinan y los padres solo sirven el alcohol y relojean con pericia buscando alguien famoso y lo mandan al frente en medio de la cena. “Bienvenida Silvia Fernández Barrio”, “Feliz cumpleaños cónsul de Estonia”, “Felicidades Luis por tu título de agrimensor”. En la sobremesa chicas y muchachos bailan tres temas típicos y lo hacen excitados, agitan las servilletas, hay goce, se cotejan entre sí, se retraen giran, saltan, se enamoran.
[Jorge, Palermo, Buenos Aires. Abril de 2017]

Cambiamos el diván por la single de resortes en el cuarto de servicio. En el living hay algunos cuerpos en el piso tachando el mediodía, la pasti les pide seguir con algo más pero no hay nada más. Todxs jóvenes y hermosxs, sin ninguna potestad para llegar hasta las persianas y acabar con el espectáculo de vampiros detonados a contraluz. Quiero dormir pero no va a dejarme después de permanecer despierto a mi antojo toda la noche. En un arrebato por avanzarme se engancha en un lienzo y al caer, descubrimos retazos de óleos de grandes ciudades sin gente. Intenta abrirme el pantalón y no objeto rechazo pero tampoco adhesión. Soy una muñeca desarticulada que ha dejado caer su peso con los ojos abiertos.
[Rosarito, Recoleta, Buenos Aires. Mayo de 2006]

Hoy me puse un tapado con trazas de lana negra sin brillo, acotado sobre la cintura, abierto y sin botones. Mi ropa es sobria. Si no es el salto de cama y las pantuflas, uso un pantalón oscuro y una camisa blanca que no deja ver más que mi cuerpo delgado, estatura media. Al caminar desde el rincón del cuarto hasta la reja, mis brazos se deslizan en el aire como la miel de caña al caer en cualquier superficie desde el envés de un cuchillo. Le entrego la bolsa con sábanas, miro sus ojos para develar algún secreto, uno que lo deje a merced de mis deseos más profundos.
[Ioshi, Parque Field, Rosario, Santa Fe. Agosto de 2018]

Al momento de entregar la bolsa y perdernos en nuestros ojos en segundos que duran una tarde de verano, halago su tapado negro de hebras sin brillo y pronuncia algo que no alcanzo a comprender. Ella sí afirma con discreción: levanta una mano que dice esto no es importante y camino algo confundido. Pienso en la mafia coreana, nipona y del sudeste asiático emboscándome al voltear la esquina; también en su marido intentando una toma de karate do Ky Ryu o el de Okinawa. No sé su nombre. En nuestro diálogo sus líneas dicen Hola, gracia, 30 dólare. No deja nunca de sonreír, aprobando este intercambio de ropa limpia y amor silente.
[Mario, Parque Field, Rosario, Santa Fe. Noviembre de 2018]

Es Penny Lane en una precuela de la peli Almost Famous y una banda de sonido varada en los 80 de acá nomás:  Charly Fito Luis Alberto Andrés, sin embargo es 2015. Cuatro cruces al año en hall y cada vez el color del pelo es diferente (rosa azul colorado nácar). Toda una vida descalza, la misma playlist y el corazón a veinte mil. 100 días más tarde abre sin golpear, de cerca es más bonita y nada la detiene, sube a la mesa cuenta intimidades habla de amor y libertad, habla de MM y del bajón  se duerme. Despierta, la realidad la espanta. Hay que amarse aunque el cuerpo esté abatido (todo renace y la mañana lanza llamas).
[Lucía, Villa Crespo, Buenos Aires. Junio de 2016]